Cómo gestionar residuos de combustibles para preservar la seguridad alimentaria

La seguridad alimentaria radica en la disponibilidad de alimentos, el acceso de las personas a los mismos y su aprovechamiento biológico.

Un hogar se encuentra en esta situación cuando todos sus habitantes cuentan en calidad y cantidad de alimentos suficientes en función de sus necesidades biológicas.

En este sentido y desde una perspectiva global, se prevé que para el año 2050 la población haya alcanzado los 8.900 millones de habitantes.

¿Cómo asegurar nuestra seguridad alimentaria? Se calcula que cada persona consumirá, de media, más de 3.100 kilocalorías diarias. El consumo de productos de origen animal se llevará la palma.

¿Te has planteado de dónde procederán los alimentos? Según un informe publicado por la FAO (Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), serán precisas transformaciones profundas en los sistemas agrícolas, en la gestión de los recursos naturales y en la economía rural.

Alternativas a los combustibles fósiles

Con este panorama de futuro, la energía y los fertilizantes utilizados en la agricultura contemporánea necesitan alternativas. Esto es, fuentes que sustituyan a los combustibles fósiles, los cuales generan una huella de carbono perjudicial para nuestro medio ambiente.

Además del grado de finitud de estos, se torna imprescindible que busquemos una solución eficiente e inteligente. Así, en el futuro la agricultura habrá de generar su propia energía. En Actualia Grupo, como consultores de seguridad alimentaria, recomendamos tomar este tipo de medidas.

Uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos es la sustitución de esta clase de combustibles por otros cuya esencia sea la eficiencia energética. De esta manera, los biocombustibles marcarán nuestro devenir.

Otra de las áreas clave de innovación es la producción de fertilizantes ricos en fosfato y nitrógeno, así como el reciclaje eficaz de los productos copiosos en estas sustancias.

Nos encontramos con otra posible manera de intensificar la producción. Esta pasa por la rotación de cultivos a través de sistemas en los que se conjuga la producción de abono vegetal con una fijación biológica del nitrógeno.

Reducción de los efectos del cambio climático

Estas soluciones de índole biotecnológica fomentarán la seguridad alimentaria a la par que contribuirán a paliar los efectos del cambio climático, favoreciendo la adaptación a los mismos a más largo plazo.

Si no ponemos freno, el cambio climático afectará a los cultivos y, en este sentido, tienen mucho que ver los combustibles que empleamos en el día a día. Probablemente, surjan nuevas plagas, enfermedades animales y aumenten los factores de estrés que afectan a las plantas.

Los residuos generados por los combustibles habrán de ser tratados de forma óptima y eficaz, de tal manera que generen el menor impacto medioambiental y sobre los cultivos. La FAO asegura que la mejora de las variables fitosanitarias será cada vez más necesaria para adecuar la adaptación de las plantaciones a situaciones ambientales cada vez más rigurosas.

En definitiva, garantizar la seguridad alimentaria radica en favorecer y fomentar el uso de biocombustibles y la potenciación de fertilizantes, cuyas bases sean los fosfatos y los productos nitrogenados, así como su reciclaje.

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